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martes, 30 de noviembre de 2010

EL LIBRO DE TEXTO A EXAMEN

El pasado 24 de noviembre tuve el honor de asistir a una conferencia de Jaume Martínez Bonafe. Profesor Titular del Departamento de Didáctica y Organización Escolar en la Facultad de Filosofía y CC. Educación de la Universidad de Valencia, de acreditado renombre por su trabajo y con ocho libros de su autoría, (más información sobre Jaime Martínez Bonafé en http://www.uv.es/bonafe/), nos aportó sus convicciones e ideas, pero sobre todo y a nivel personal, sus palabras tocaron un punto en mi razón que me hicieron reflexionar acerca de los libros de texto.
Desde el mismo momento en que se es lo suficientemente consciente para entender que existen diferentes roles en nuestra sociedad, se crea una idea sobre qué es ser maestro. Y esa noción va cambiando en el transcurso de la vida. De pequeña, idealizas al docente y no es para menos, es quien sabe de todo y te enseña en el cole. En la adolescencia, un profesional de la docencia es quien intenta fastidiarte y poner tal cantidad de deberes y exámenes constantes que te impidan salir con tus amigos todo lo que quisieras. En selectividad, son para aquellos que, ajenos a cualquier circunstancia, no eres más que un número a calificar sin percatarse que ese símbolo numérico puede "decidir" o inclinar la balanza sobre qué camino seguirás en tu futuro. En un ciclo formativo son aquellos que únicamente saben sobre la materia que te enseñan (se pierde la noción de portador de todo saber) y solamente aquello teórico que pueden encontrar en libros (la mayoría de las veces imparten materias que, pese a estar íntimamente ligadas al futuro laboral, no han experimentado en sus propias carnes esa faceta, por lo que ni tan solo son portadores de la verdad real, de los problemas cotidianos en el desempeño del trabajo). Siguiendo con mi opinión personal, después de estas fases de estudio, entré de lleno en el mundo laboral, en empresas privadas. Y en este momento, veía a los docentes como aquellos funcionarios que se esfuerzan más bien poco, tienen muchas vacaciones y cobran de forma excesiva para el poco trabajo que tienen, pues se dedican a explicar lo que pone en los libros de texto y a hacer alguna excursión con los niños de vez en cuando. Pero ahora, como estudiante de magisterio, entiendo la realidad de la profesión docente. Y ninguna de las ideas en las diferentes etapas de mi vida se asemeja a la que observo en estos momentos.
Ligando este preámbulo personal con el tema en concreto de la conferencia, me centraré en la idea expuesta como persona adulta inmersa en el mundo laboral activo. La visión de un docente con poco trabajo y la enseñanza como un oficio fácil y cómodo, desgraciadamente, está extendida entre la mayoría de la población. Pero en vez de quejarnos por ello o reclamar más consideración profesional, tal vez debamos preguntarnos de dónde viene este prejuicio. Dejando de lado la tradición docente (la maestra en sus orígenes era quien se encargaba de "cuidar" a los niños más que de cultivarlos o educarlos además de ser una profesión dirigida a mujeres y, por ende, desprestigiada y poco valiosa) centrémonos en qué puede provocar esa visión.
Permítanme que aplauda y apoye a todas aquellas personas que creen en este tipo de docentes. Y no, no pongan el grito en el cielo. Por desgracia, existen muchos maestros que sí, realmente se limitan a seguir un libro de texto, a realizar únicamente aquellas actividades que figuran al final de cada tema y de las cuales disponen un libro de solucionario, para no tener que pensar más de la cuenta. Y que, además, se deciden por un determinado libro de cuarto de primaria u otro en función del regalito que proporcione cada editorial. No nos escandalicemos, maestros así existen en la actualidad. Y creen haberse puesto el mundo por montera, dominar todo lo que ocurre en su aula y tener un poder y una autoridad admirables. Pero no se dan cuenta que quien domina no son ellos sino las editoriales, que a quien se perjudica es a los estudiantes (los mismos que el día de mañana decidirán el futuro de ese maestro o de los seguidores de su línea laboral), que quien paga son los padres (que tarde o temprano conocerán la amplitud de posibilidades mejores para sus hijos que un caro libro de texto) y que quien decide es la administración (quien en tiempos de crisis busca ahorrar y no aumentar más y más las arcas de empresas editoras, o al menos debería ser así).
Pero demos un voto de confianza a las nuevas generaciones creadoras. Y no sólo me refiero a los estudiantes de magisterio sino a los "maestros" (entendido como quien muestra el camino en las nuevas tecnologías) que han ido aprendiendo como realizar una docencia en la que el objetivo principal sea la mejora de la educación y del aprendizaje de sus alumnos a través de su propio aprendizaje. Dejando de lado intereses económicos de altas instancias o de empresas editoras, se han lanzado a bucear en una red que se consolida como una potente fuente de información y de posibilidades inmensa. Aquellos que iniciaron en su día proyectos educativos innovadores y los pusieron en común con compañeros de profesión, aquellos que se unieron y ampliaron el abanico de opciones educativas, aquellos que los llevaron a la práctica en sus aulas y aportaron mejoras que se podrían introducir en la praxis. A todos ellos, les sobra el libro de texto.
Sobre estos temas circulan gran cantidad de opiniones, artículos o entradas en diferentes comunidades interactivas. Un ejemplo es "Carta de los editores de libros de texto" de fecha 6 de junio de 2010 de Adell, J. De esta entrada, quisiera hacer dos consideraciones:
  • En primer lugar, se hace una crítica a las editoriales, poniendo de manifiesto su afán lucrativo a costa de todo y de todos los que conformamos la sociedad. Pero todo ello dirigido también a los docentes, despertando la idea de que el cambio es posible, de las variedades que disponemos y de empujar a quien no termine de estar convenido a que se crea que el educando puede tener la sartén por el mango sin quemarse y sin que nadie le haga aminorar el fuego cuando él no lo desee. "La convicción de que los propios docentes, directamente, sin estar mediados por intereses comerciales, somos quienes más tenemos que decir sobre los materiales curriculares y cómo utilizarlos se está generalizando. La tecnología juega a favor del docente/autor: cada vez hay más herramientas que permiten desarrollar proyectos complejos e incorporar otros medios como el audio y el vídeo con facilidad. Cada vez es más sencillo compartir materiales por la red. Solo es cuestión de querer." (Adell, J; 2010; http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2010/06/06/carta-a-los-editores-de-libros-de-texto/)
  • En segundo lugar, debemos prestar atención a los comentarios a dicha publicación. La cantidad es abrumadora. Pese a que no los he leído todos, sí unos cuantos y en general, todos van en la misma línea de opinión: las ideas expuestas son apoyadas y aplaudidas por muchos de los compañeros de la profesión. Cada vez más personas están convencidas de ello. Y creer en algo es tratar de ponerlo en la práctica. Y ponerlo en la práctica es cambiar la educación. Y cambiar la educación es eliminar esa convicción del docente descrita al inicio de esta argumentación que tan extendida está entre la sociedad (maestro como lector de un libro de texto). Y, volviendo a las mimas palabras de Adell, "La convicción de que los propios docentes, directamente, sin estar mediados por intereses comerciales, somos quienes más tenemos que decir sobre los materiales curriculares y cómo utilizarlos se está generalizando" (Adell, J; 2010; http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2010/06/06/carta-a-los-editores-de-libros-de-texto/)
Centrándonos en el tema concreto del libro de texto, podemos presentarlo como un objeto obsoleto. Como el profesor Jaume Martínez Bonafé presenta en su libro "Políticas del libro de texto escolar" (M, J; 2002) así como en la conferencia referida anteriormente y Jordi Adell remarca en su escrito "El futuro de los libros de texto" (Adell, J; 2008; http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2008/05/27/el-futuro-de-los-libros-de-texto/), la obsolescencia del libro de texto se argumenta a partir de los siguientes puntos:
  • El libro de texto nos ofrece un enfoque tecnológico de la enseñanza. Ya desde Freinet o Montesori se nos presenta la educación tecnológica como un enfoque que se derrumba al no conseguir los objetivos propios del proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • La transmisión ideológica a través de los libros de texto era posible cuando no existían numerosas fuentes de información y socialización, pero hoy en día el foco de la creación de la ideología se encuentra lejos de unos libros y, por tanto, no tiene sentido utilizarlos para su reporte.
  • El libro de texto impone una determinada cultura independientemente de quien sea el receptor. Mientras desde las instancias legislativas en tema educativo se remarca la importancia de la individualización, de la consideración de las particularidades de cada alumno y de la atención a la diversidad, el libro de texto presenta los mimos contenidos para todos. Se trata de una homogeneización imposible de llevar a la práctica.
  • El libro de texto arraiga las relaciones de autoridad y capacitación del docente dentro del aula. Un docente no debería medirse por aquello que puede leer en los libros, sino por aquello que sabe. Y lo sabe porqué lo aprende cada día, porqué se preocupa por conocer, porqué la autoridad de un docente capacitado se consigue con el aprendizaje continuo
  • El libro de texto es un negocio editorial, punto al que he hecho mención y sobre el que he profundizado anteriormente.
Antes de entrar a plantear el futuro del libro de texto, debo remarcar que el actual no me parece algo perjudicial que hay que eliminar, sino más bien considero que lo que se debe erradicar es el uso que de él hacen una serie de maestros. La didáctica de un profesional no debe rendirse a las imposiciones de una determinada editorial en unas cuantas páginas. Más bien, el libro de texto debería entenderse como una herramienta más de la que dispone el profesional para llevar a cabo su trabajo. Ni la única, ni la peor, sino sólo un recurso más.
De todas formas, tal vez también se pueda prescindir del libro de texto como herramienta, pues podemos encontrar otras que sean más útiles, actuales, motivadoras, fuentes de aprendizaje y, además, gratuitas o, en su defecto, con un coste muchísimo inferior al de un libro de texto. Y aquí entran en juego las nuevas tecnologías, con Internet como clave para obtener cuantos recursos queramos y adaptados a lo que deseemos realizar en clase en función de las peculiaridades de nuestros alumnos. El aprovechamiento en beneficio de la educación de dicha tecnología está en manos del uso que el docente haga de ella, que pasaría a ser el principal actor en el proceso didáctico.
Frente a esta realidad de la cual los editores son cada día más conscientes, éstos han emprendido una lucha sin sentido. Han empezado a mostrar plataformas editoriales en las que únicamente han trasladado el libro de texto en papel, a la pantalla. ¿Y a eso le llaman innovación digital? Para obtener el mismo producto no es necesaria una inversión elevada en poner ordenadores en las aulas.
Lejos de esta noción de digitalización se encuentra la idea de un libro digital. Con Internet como fuente de recursos encontramos las siguientes ventajas:
  • Internet como biblioteca: la capacidad para albergar todo tipo de información en la red es inmensa. Ninguna biblioteca real podría almacenar tal cantidad y diversidad de datos como ella. Y toda esa cultura a un click de ratón.
  • Internet como imprenta: su utilidad no termina con la recepción de la información, sino que aparece un valor añadido de poder ser creadores de esa misma información que otros recibirán, reenviarán, comentarán, criticaran o ampliarán, convirtiéndonos en consumidores a la vez que productores.
  • Internet como canal de comunicación educativa: todo ese proceso de compartir información transforma la educación en un hecho social interactivo. Ya hoy en día diferentes blogs o plataformas de profesores que practican dicha comunicación para llevar a cabo proyectos comunes o para mejorar su trabajo partiendo de todo aquello que aporta la colectividad implicada.
El futuro pasa por los caminos de Internet. Y en él es donde encontraremos las ventajas de un libro digital. Debemos alejarnos de la creencia arraigada en la sociedad de que un libro es un objeto material contenedor de saberes irrefutables. De igual modo que un libro es un entorno de lectura, el libro en red debería incorporar a era característica la de ser, además, un entorno de escritura. Ya ha quedado remarcada la importancia del hecho social en la educación y, del mismo modo, esta interactividad entre diferentes personas debería expandirse al propio libro. Esta comunicación puede aportar beneficios en la medida en que los juicios de valor y las opiniones pueden traspasar la lectura de un libro y la reflexión personal. El futuro es convertir los libros en un diálogo entre los agentes implicados en él: autor y lector a la vez que los lectores entre sí. Este hecho permite al autor realizar modificaciones siempre que estime oportuno a partir de dichos comentarios de los propios receptores de su obra.
Con esta actividad, nos encontramos frente a un libro vivo que puede ser modificado o actualizado por el autor como consecuencia de esa interacción social. Esto no implica la pérdida del trabajo inicial, pues se mantendría la versión original y cada lector podría optar por leer ésta, las anotaciones de otros lectores o las modificaciones posteriores del autor. Y esto no es algo utópico, inalcanzable. Ya disponemos de muestras, de emprendedores que se encaminan en esta dirección. Entre ellos encontramos The Processed Book Project (Esposito, 2003) o Sophie, un proyecto del Institute for the Future of the Book.
Como conclusión final, nos queda remarcar que en la era de las nuevas tecnologías, donde un segundo es una hora y una hora es un día, los docentes encontramos un punto de partida sobre el que sentar las bases de nuestro trabajo, de donde iniciar nuestra docencia, desde donde poder situarnos donde siempre deberíamos haber estado, como directores de nuestras acciones con el fin de conseguir una educación pública de calidad. El futuro es hoy.



1 comentario:

  1. Thanks for an idea, you sparked at thought from a angle I hadn’t given thoguht to yet. Now lets see if I can do something with it.

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